Conocé a Gilbert Simpson

El analista de Amazon, papá de Jahleysha, productor de reggae y emprendedor visionario que se negó a creer que tu código postal o tu título universitario decidían tu destino. Esta es mi historia — sin filtros, sin guion, sin gurús.

Gilbert Simpson en retrato profesional

San Isidro de Pérez Zeledón, Costa Rica. Vivo acá, escribo acá, crío a mi familia acá, y desde acá enseño a otros costarricenses y latinoamericanos a hacer lo que yo me tardé 14 años en aprender solo.

Quién Soy Cuando No Estoy Trabajando

Porque vos no necesitás otro coach con foto de stock y discurso reciclado. Necesitás saber con quién estás tratando antes de confiarle tu tiempo. Acá van algunas piezas de mi vida real.

Gilbert Simpson con su esposa María y su hija Jahleysha

FAMILIA

Mi familia es la razón por la que todo esto existe. María, mi esposa, fue la primera persona que me dijo "vos podés" cuando ni yo me lo creía. Jahleysha, mi hija de 14 años, es mi medida real de éxito. Y si querés saber de verdad si soy buena persona — preguntale a Sashi, Malie y Pili, las tres perras que nos mandan en la casa (una pomeraniana, una chihuahua y una rescatada que llegó sin nombre y se quedó para siempre). Si lo que enseño no les sirve primero a las personas que más me importan, no merece llamarse método.

Gilbert haciendo bodyboard en Cocles, Caribe Sur de Costa Rica

SABÁTICO

Acá estaba haciendo bodyboard en Cocles, Caribe Sur de Costa Rica, en mi "año sabático" después de renunciar por primera vez a Amazon. De día trabajaba en una finca y guiaba turistas. De noche estudiaba embudos de venta en mi laptop. Casi quiebro. Casi me rendí. Pero ese año me enseñó más que cualquier diplomado.

Gilbert Simpson en su estudio de musica produciendo reggae

MÚSICA

También soy productor de reggae. Soy de la generación que creció escuchando a Bob Marley, Akae Beka y Haile Selassie I. La música no es mi hobby — es mi disciplina espiritual. Si vas a tomar decisiones grandes en tu vida, la música que escuchás mientras lo hacés importa más de lo que creés.

Gilbert Simpson hablando en una conferencia

ESCENARIO

Llevo años dando charlas — primero en talleres pequeños con Procomer, después en escenarios más grandes. Nunca pensé que iba a hablar en público. Soy introvertido. Pero cuando descubrí que mi historia ayudaba a alguien más a no rendirse, el miedo a hablar se hizo chiquito al lado de la responsabilidad de estar callado.

Gilbert Simpson en su escritorio trabajando en Amazon

AMAZON

Y sí — todavía trabajo en Amazon como Quality Analyst. No porque lo necesite. Porque me gusta. Tengo un equipo de QA Analysts y BAs que dan soporte a call centers de Costa Rica, Colombia, México y Brasil. Acá aprendo todos los días del mejor sistema operativo de servicio al cliente del mundo. Y todo lo que aprendo, lo destilo y lo enseño en la Academia.

Gilbert Simpson con miembros de la comunidad Academia Bennu

COMUNIDAD

Esto es lo que más me importa. Cada cara que ves acá es una persona que estaba donde vos estás hoy y dio el salto. No son testimonios. Son hermanos. La Academia Bennu es una familia, no una lista de correos.

Cómo Pasé De Estar Sentado En Una Cama Llorando A Las 3 De La Mañana A Construir La Academia Bennu

Esta es la historia que casi nunca cuento públicamente. Te la cuento acá porque si vas a confiarme tu tiempo y tu atención, merecés saber de dónde vengo. No es una historia bonita. Es la real.

01

2011 — BACKSTORY

El Que Era Antes

Una noche fría de junio del 2011, me desperté en la madrugada en la casa de mis papás en Costa Rica, con una sensación en el pecho que no sabía cómo nombrar. Tenía 22 años. Estaba viviendo una vida que no había elegido — un trabajo de oficina que me apagaba, deudas que crecían más rápido de lo que yo crecía, y una sensación permanente de que estaba destinado a algo distinto pero no sabía qué era. Esa noche me senté en la cama y lloré. Lloré como adulto. Lloré con miedo de que mi vida fuera a quedar exactamente igual durante los próximos 40 años. A las pocas horas, todavía con los ojos rojos, me subí al bus de las 6am rumbo a la UCR. Era el bus que tomaba todos los días para mi trabajo. Y ese día, pasé la mayor parte del trayecto mirando por la ventana sintiendo que algo tenía que cambiar — pero sin saber qué.

02

2011-2012 — THE WALL

La Pared Contra La Que Choqué

Los meses después fueron los peores. No porque pasara algo dramático — sino porque NO pasaba nada. Iba al trabajo. Cobraba poco. Pagaba deudas. Volvía a casa. Repetía. Empecé a odiar los lunes. Empecé a sentir envidia de gente que ni siquiera conocía bien. Empecé a probar cosas: cursos baratos en internet, libros motivacionales, "métodos" que prometían millones en 90 días. Nada me servía, porque nada me hablaba a mí en serio. Eran fórmulas para gringos en Florida con mentalidad de gringos en Florida. Yo era costarricense, sin título universitario terminado, sin contactos, sin plata para invertir, y con la cabeza llena de "no soy suficiente". La pared no era afuera. La pared era adentro mío. Y por más que me la pasara leyendo libros nuevos, no sabía cómo derribarla.

03

2011-2025 — THE EPIPHANY

El Momento En Que Todo Cambió

Volvamos a esa noche del 2011 — porque eso fue lo que de verdad cambió todo. Cuando me senté en la cama llorando, no sabía que estaba teniendo un punto de quiebre. Y casi sin pensarlo, hice algo que no había hecho en años: recé. Le dije a Dios — o al universo, o a quien estuviera escuchando — algo así: "Por favor ayudame. Mostrame el camino. Guiame a las personas correctas. Y te prometo que cuando encuentre las respuestas, voy a usar lo que aprendí para ayudar a mis hermanos y hermanas que están tan perdidos como yo." No fue una oración bonita. Fue desesperada. Pero fue real. Y acá está lo raro — los mentores empezaron a aparecer. Primero un libro: Padre Rico, Padre Pobre. Después otro: T. Harv Eker. Después Joe Vitale, Russell Brunson, Dan Kennedy, Jeff Bezos a través de Amazon. Cada uno llegó en el momento exacto. Durante los siguientes 14 años invertí $15,466 en libros, cursos y masterminds — plata que muchas veces no tenía, plata que pedí prestada, plata que pagué a cuotas. Pero cada peso me fue regresando algo más grande: claridad.

04

2018 — DO OR DIE

El Momento En Que Tuve Que Elegir

Llegó un punto — alrededor del 2018 — donde tenía un dilema. Había aprendido lo suficiente para tener una vida decente. Tenía un buen trabajo en Amazon, un techo, una familia que amaba. Podía simplemente quedarme ahí. Cuidar lo mío. Y olvidarme de la promesa que había hecho esa noche en la cama. La parte fácil era esa: callarme y vivir bien. Pero no podía dormir tranquilo. Cada vez que veía a un costarricense joven trabajando 12 horas en un BPO — es como un call center para empresas multinacionales — sin saber que había otra opción, recordaba esa promesa. Cada vez que escuchaba a alguien decir "yo no sirvo para emprender", me dolía el estómago, porque yo me había dicho exactamente eso a los 22. Así que tomé una decisión: o me callaba para siempre, o empezaba a contar lo que sabía. Elegí contar. Elegí cumplir la promesa. Elegí construir la Academia Bennu — aunque no sabía bien todavía qué iba a ser. Esa decisión fue el verdadero "do or die" de mi vida. Porque una vez que decís públicamente que vas a ayudar a otros, ya no podés esconderte más detrás de "no soy suficiente".

05

2026 — ACHIEVEMENT

Dónde Estoy Hoy

Hoy, en el 2026, la Academia Bennu está viva — y eso ya es un logro que cuento con orgullo. La lancé en el 2023 con todo el corazón, pero no pude sostener la infraestructura y tuve que pausarla. Eso dolió. Me senté muchas noches a preguntarme si había sido una ilusión. Pero nunca dejé de trabajar — en el método, en el sistema, en construir las bases correctas. Y a inicios del 2026 la volví a poner en marcha: con más claridad, con más estructura, con más humildad que antes. Los primeros miembros ya están llegando en Costa Rica, y nos estamos dando a conocer en Colombia, México y países de Centroamérica. BennuMedia, mi agencia de mercadeo, todavía está en construcción — estoy sistematizando cómo quiero trabajar — pero lo que me motiva es que ya no es solo una idea: ya he tenido clientes reales, y sé exactamente para dónde voy. Mi familia está sana y feliz. Y cuando llega el primer mensaje de alguien que dice "esto me cambió algo" — eso es lo que me hace levantarme a las 5am todos los días. No el dinero. No el reconocimiento. Esas frases. Porque cada una es una versión de mí a los 22 años que pudo cumplir su promesa. Y eso es el único legado que me importa dejar.

Lo Que Creo (Y Lo Que No Voy A Negociar)

Si lo que sigue te incomoda, no me sigas. Lo digo en serio. Esto no es para todo el mundo, y tratar de gustarle a todos es la forma más rápida de no servirle a nadie. Esto es lo que pienso — y por qué lo pienso.

Creo que el sistema educativo latinoamericano fue diseñado para producir empleados, no emprendedores.

No me importa cuántas reformas le hagan. Mientras te enseñen a obedecer en vez de a crear, vas a salir del colegio más chiquito de lo que entraste. Yo lo viví. Y por eso construí la Academia.

Creo que los gurus que te prometen "$10,000 al mes en 30 dias trabajando desde tu cama" son la peor cosa que le ha pasado al mercado latinoamericano.

Te roban la plata, te roban la esperanza, y te dejan creyendo que el problema sos vos. No sos vos. Son ellos.

Creo que vos no necesitás un título universitario para tener una vida buena.

Necesitás mentores reales, un método probado, disciplina diaria y una comunidad que no te deje rendirte. Eso es todo. La universidad te lo cobra a $30,000 dólares y te tarda 5 años. Yo te lo doy más rápido y más barato — y más honesto.

Creo que la cultura del trabajo excesivo mata mas suenos de los que cumple.

Trabajar 80 horas a la semana no te hace exitoso. Te hace cansado. La gente que de verdad construye algo que dura, descansa, duerme, come bien y tiene una vida fuera del trabajo. Yo soy uno de ellos. Y vos podés serlo también.

Creo que la espiritualidad y los negocios no estan peleados.

Reza. Meditá. Da gracias. Conectá con algo más grande que vos. Porque si construís un imperio sobre un alma rota, el imperio se cae. Y el alma también.

Creo que el dinero no es malo — pero idolatrarlo si.

La plata es una herramienta. Igual que un martillo. Si la usas para construir, construye. Si la usas para golpearte la cabeza, te golpea. La diferencia esta en quien sostiene el martillo.

Creo que ser costarricense (o latinoamericano) no es una desventaja — es una superpower.

Tenemos algo que en otros mercados no tienen: calidez, comunidad, capacidad de improvisar bajo presión, y un sentido del humor que nos salva la vida. Si aprendés a usar eso a tu favor, no necesitás ser de Silicon Valley para construir algo grande.

Creo que tu obligación #1 en la vida no es ser feliz — es convertirte en alguien que valga la pena ser.

La felicidad viene como efecto secundario de eso. No al revés. Y eso es lo que enseño acá.

“Necesito Un Título Universitario Para Ser Un Emprendedor Exitoso.”

Esta es la creencia que más me toca romper, porque es la que más atrapados deja a los costarricenses jóvenes. Vamos a desarmarla en 3 partes.

Parte 1 — De donde viene la creencia

Esta creencia no nació contigo. Te la sembraron. Y te la sembraron temprano. Tu mamá, tu papá, tus tíos, tus profesores, todos te dijeron alguna versión de: “Estudiá para que seas alguien en la vida.” Como si vos no fueras alguien antes del título. Como si tu valor humano dependiera de un papel firmado por una universidad. Esa frase, repetida durante 18 años, se te metió en el subconsciente. Y de adulto, cuando intentás emprender sin título, te aparece esa voz que dice: “No tenés derecho.” Esa voz no es tuya. Es heredada. Y tiene 60 años de edad, no 25 como vos.

Parte 2 — La evidencia (mi historia + datos)

Yo no tengo título universitario terminado. Y no es que no lo intentara — lo intenté tres veces. Empecé Ingeniería Eléctrica en la UCR y me salí al tercer año de carrera. Después entré a Ingeniería en Sonido en Von Kelemen School — exactamente donde quería estar — pero los fondos no dieron y me salí también al tercer año. Ya de más grande, me anoté en Administración de Negocios en la USAM. Me salí antes de los dos cuatrimestres, porque el nivel era demasiado básico: en ese momento ya era Gerente de Departamento en Amazon con un equipo de 8+ analistas, y lo que enseñaban en la U yo lo vivía todos los días en la práctica real. Amazon nunca me pidió el título para llegar ahí — me pidió resultados. Y aun así, hoy, en el 2026:

• Tengo una academia en crecimiento con los primeros miembros activos en Costa Rica, dándonos a conocer en Colombia, México y Centroamérica

• Tengo una agencia (BennuMedia) en construcción — con clientes reales y una dirección clara

• Tengo un puesto senior en Amazon (Quality Analyst / Gerente de Departamento CS LATAM) — al que llegué por méritos demostrados, no por título

• Soy autor, conferencista y consultor

Y no soy una excepción. Steve Jobs no terminó la universidad. Mark Zuckerberg tampoco. Richard Branson dejó el colegio a los 16. Jeff Bezos sí tiene título, pero literalmente dijo en sus cartas a accionistas que lo más importante que hace su gente lo aprenden DESPUÉS de la universidad. La estadística dice algo brutal: 60% de los millonarios hechos por sí mismos en Latinoamérica no terminaron una carrera universitaria. Lo que los distingue no es una fórmula única — es algo que descubrirás cuando empieces a observar a los que construyeron algo real.

Parte 3 — La nueva creencia

“Lo único que necesito para ser un emprendedor exitoso es un método probado, mentores reales, disciplina diaria, y una comunidad que no me deje rendirme.”

Eso, exactamente eso, es lo que te ofrece la Academia Bennu. No te vamos a dar un título. Te vamos a dar algo mejor: un sistema que vos mismo vas a poder enseñarles a tus hijos cuando crezcan. Y eso es más valioso que cualquier diploma colgado en una pared.

Si Esta Historia Te Resonó — Te Espero Adentro

No te quiero cobrar un curso. Lo que quiero es invitarte a 4 días — $1 por día — donde te voy a contar todo lo que aprendí en 14 años en formato directo y aplicable. $4 es lo que cuesta. Lo que obtenés vale exponencialmente más.

El Reto de 4 Días: Secretos de Desarrollo Personal es la versión corta e intensiva de mi historia + los 3 secretos que más me cambiaron la vida + un regalo especial para los que se quedan hasta el Día 4. Lo hago porque hace 14 años yo necesitaba exactamente esto y no había nadie que me lo diera. Por $4 — $1 por día — te doy lo que me costó 14 años y $15,466 descubrir. Si vos sentís que estás donde yo estaba — sentate, respirá, y dale al botón.

Día 1 — La noche que lo cambió todo

La historia que nunca he contado completa — cómo una crisis a los 25 años, deudas y un bus a la 1am me llevó a descubrir el principio que ningún maestro, padre ni sistema educativo me enseñó. (Y por qué eso mismo podría ser tu punto de inflexión también.)

Día 2 — Secreto #1 | La LDLM

Por qué tu mundo interno crea tu mundo externo (y cómo reprogramarlo en 21 días). La fórmula que revelaremos que muy pocas personas conocen y aplican.

Día 3 — Secreto #2 | La BV

El principio que los emprendedores más satisfechos del planeta practican a diario — y que el sistema, la cultura del trabajo excesivo y la sociedad te entrenaron desde niño para ignorar. Advertencia: después de este día ya no definirás el éxito de la misma manera.

Día 4 — Secreto #3 + Algo Inesperado

El sistema que usamos en Academia Bennu para recalibrar tu dinero, tu tiempo y tu energía sin partir de cero — más una sorpresa que preparamos para quienes llegan hasta el final. (Pista: vale más que el Reto completo.)

$4 total — $1 por día. 4 sesiones conmigo. Nos vemos adentro.